martes, 21 de julio de 2015

El misterio oculto detrás de las pantallas


Desde hace algunas semanas, me interrogo respecto del lugar que estamos eligiendo diariamente que ocupen las pantallas en nuestras vidas.
Pareciera ser que necesitamos de ellas pero a la vez hay  tantas, de tantas formas, tan variadas,  que marean,  porque además irradian un magnetismo invisible que atrapa y a la vez aleja.
Atrapan, captan, fascinan
Atraen, encantan... y porqué no... obnubilan.
Entonces pareciera repetirse al infinito un ritual donde se toma el dispositivo, se lo mira por un largo rato, luego se lo deja a un costado y a los cinco minutos cualquier excusa es válida para volver a mirarlo. Y luego otra vez, y otra vez más.
Como si fuera un espejo... pero ¿qué espeja?
Pareciera no importar con quién estamos, ni lo que estamos haciendo. Profesores dando un curso, padres en el supermercado con sus hijos, cuidadores cruzando la calle con niños o ancianos.
Cada vez hay más aplicaciones, más funcionalidades, más comodidades y prestaciones para que uno se dedique todo el día a explorar su pantalla y a la vez haga el mínimo esfuerzo posible por interactuar fuera de ella.
No hace falta ir a la hemeroteca para buscar una nota, ni a la biblioteca para chequear información antiquísima. Tampoco hace falta moverse de casa para estudiar una especialización Internacional.
Estas facilidades enamoran y atrapan.
 ¿Cuántas veces mirás una pantalla por día?
¿Muchas no?
Entonces ahí es donde ese magnetismo deja de enamorar y aleja.
Aleja de uno, de los demás y de alguna manera pareciera construir muros imaginarios cada vez más altos, transformándose en una torre de babel donde los diálogos se esfuman y cada interlocutor se maneja con lenguaje que por momentos parece un balbuceo. Los tiempos de respuesta aún cuando emisor y receptor se encuentren en un mismo lugar, son lentos porque cada uno mira su pantalla y no aparece la pantalla compartida.
O sí, y por lo general es la de alguno de los dos que le muestra al otro alguna imagen (foto, video) de su dispositivo.
En una parada de autobús, en un restaurant donde hay una familia sentada,  al menos dos integrantes (no necesariamente adolescentes) están observando sus pantallas.  En discusiones de pareja, de repente uno  toma su celular y la discusión termina, pero también finaliza allí cualquier posibilidad de continuidad de diálogo y esa situación queda vagando en un límite difuso entre lo real y lo virtual.
Viajes, eventos especiales, nacimientos, todo debe quedar grabado rápidamente en video, retratado en una foto para luego ser mostrado a alguien.
¿Y el disfrute? ¿Y cómo es esa vivencia del aquí y ahora? ¿Qué impacto tiene?
Estamos siendo testigos de un cambio de paradigma, un choque de placas tectónicas que como tal, genera un movimiento muy grande, dificil de medir incluso su impacto en lo inmediato. Claro está que la forma de relacionarse está cambiando pero es importante estar atentos a no desbalancear favoreciendo las posiciones extremas.
Hace algunos años nada más, estas mismas situaciones eran diferentes, convocantes.
Cuando un familiar volvía de un viaje, todos los demás acudían a darle la bienvenida para escuchar sus relatos y sus aventuras y desventuras.
Cada situación tenía su tiempo.
Las fotos se llevaban a revelar a una casa especializada, tardaban unos días y la intriga que se generaba en este proceso,  aún le debe seguir dando cosquillas en el estómago a más de uno.
Cada situación tenía su proceso y cada proceso implicaba tiempos.
Tiempos que hoy se tornaron en inmediatos y con ello las relaciones.
Ahí es donde es necesario buscar el equilibrio, pendular.
Comprender quizás que estas pantallas son maravillosas si son utilizadas equilibradamente y en su justa medida.
Si se las considera como instrumentos y se está atento a que no se transformen en  dispositivos que nos ocultan, nos hacen sombra, nos tapan, nos alejan.
Es notorio como ésta, es una temática que preocupa no sólo por el uso que le damos los adultos sino por lo que sucede con los niños también.
Ayer leía una nota del Diario La Nación que hablaba sobre las adicciones que están generando las pantallas en los niños, la falta de reglas por parte de los adultos y cómo el uso excesivo de pantallas en niños muy pequeños puede afectar su modalidad de relación con el mundo. Hay que tener presentes que cuando un niño observa una pantalla, eso que observa es él interactuando con una pantalla, y el  diálogo (si lo hay) es interno. En el mundo real, se observa interactuando con otros, aprendiendo de otros, compartiendo o no con otros. El diálogo (si lo hay) es con otros.
Ahora bien... qué pasa cuando un bebé/niño pequeño que observa inocentemente el mundo comienza a  interactuar y  sus primeros otros sólo observan pantallas, le muestran pantallas y le juegan con pantallas?
¿Qué es lo que va a intentar hacer?
¿Cómo desarrollará su inteligencia emocional, social, su creatividad? ¿Será igual si se lo estimula con masa o pinturas caseras que si se lo hace con un juego que bajamos de la tienda de uno de los dispositivos móviles?
Ahí nuevamente resulta necesario recordar que la m/paternidad se nos aparece como  un arte del columpio, del balanceo, del pendular, como la búsqueda constante de aquello que mejor potencie las cualidades de nuestros hijos.
Como la posibilidad de hamacarse en la vida junto con ellos, conectando, interactuando, descubriendo, recuperando (y porqué no, desempolvando) la capacidad de asombro pero por sobre todo,  re - aprendiendo de que siempre se puede empezar a reglar un juego, en este caso el juego de pantallas que por no tener demasiadas reglas, aleja, hipnotiza y desbalancea.
Reglar para balancear y tomar esas reglas como las Flores de Narciso que a modo de recordatorio nos permitan "entrar y salir" de las escenas que involucran pantallas, sin quedarnos absortos, adheridos y a la vez alejados de todo aquél que nos rodea.

"Cuenta el mito que entre las jóvenes heridas por el amor de Narciso  estaba la ninfa Eco, quien había disgustado a Hera y por ello ésta la había condenado a repetir las últimas palabras de aquello que se le dijera. Por tanto, era incapaz de hablarle a Narciso por su amor, pero un día, cuando él estaba caminando sólo  por el bosque,  preguntó «¿Hay alguien aquí?» y Eco respondió: «Aquí, aquí». Repitiéndose hasta el infinito. Para Narciso resultaba imposible divisarla entre los árboles y gritaba "Ven" y allí, ella después de responder: «Ven», salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Sin embargo,  Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor, por lo que la ninfa, desolada, se ocultó en una cueva y allí se consumió hasta que sólo quedó su voz. Para castigar a Narciso por su engreimiento, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que se enamorara de su propia imagen reflejada en una fuente. En una contemplación absorta, incapaz de apartarse de su imagen, acabó arrojándose a las aguas. En el sitio donde su cuerpo había caído, creció una hermosa flor, que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso."

Lic. Carolina Sujoy

Psicóloga Perinatal - Psicoanalista
Coordinadora de Comunidad Mamá Hamaca







Bibliografía
http://www.lanacion.com.ar/1811262-los-efectos-negativos-de-las-pantallas-en-ninos-y-adolescentes
http://redsalud.uc.cl/ucchristus/MS/RevistaSaludUC/GuiaPediatrica/ninos_frente_a_la_pantalla.act
http://www.upsocl.com/comunidad/esta-potente-campana-muestra-lo-que-tu-hijo-ve-cuando-eres-adicto-al-celular/
https://es.wikipedia.org/wiki/Narciso_(mitolog%C3%ADa)

viernes, 22 de mayo de 2015

Reencuentro con lo femenino ancestral cuando algo cesa: La menopausia

Me tomé mi tiempo para volver a escribir tras la última entrada. Seguramente porque pasaron mil cosas o porque, como leí en otro blog, vivimos muy ocupados.

La realidad es que cada letra de este blog lleva un pedacito de historia, de lo que sucede en el consultorio, de los interrogantes que se me plantean a mí como persona, como mamá, como hija, como profesional o que traen las distintas tribus de mamás que coordino.

Desde hace unos días que me ronda en la cabeza un tema que aunque no responde directamente a la temática de este blog, guarda alguna relación con él: La menopausia.

Resulta que hace unas semanas, derivada por una mamá de una de las tribus llegó a mi consultorio una mujer entrando en la menopausia. Se presentó muy asustada, llena de preguntas, incertidumbres y cambios en su cuerpo que iban más rápido que lo que ella podía procesar. Describió sofocones, golpes de calor, cambios abruptos del humor y por momentos, unas ganas incontenibles de llorar pero por alguna razón aún no podía hacerlo. 

La precisión en su descripción me hizo acordar a la de muchas mujeres embarazadas. Sin embargo, la diferencia aquí estaba marcada por su mismo nombre. 

Menopausia
Mens: algo mensual
pausi: que cesa. 
Algo mensual que cesa... que termina...

Este cuerpo desde muy temprana edad se venía abriendo al mundo de la fertilidad, y en una danza cósmica y poética se despedía mensualmente de ella.
En este cuerpo, algo cesa.
Y es precisamente esa posibilidad y con ello se presentifican una serie de síntomas que acompañan a un profundo dolor. 

Este dolor duele y se arraiga en lo más profundo del ser mujer en el mundo. Arrasa con todo lo conocido y abre el juego a un sin fin de posibilidades que variarán en cada mujer pero frente a lo que es necesario nuevamente, el acompañamiento de la tribu.

Hamacarse y pendular una vez más con aquello que nos plantea la vida.

No es sino en manada, el lugar desde donde se podrá transitar  y compartir este duelo y salir de él en una versión renovada, femenina, sutil, etérea, más sabia.

Licenciada Carolina Sujoy
Psicóloga 
Coordinadora Comunidad Mamá Hamaca














Referencias[editar]

  1. Volver arriba Diccionario de la lengua española. Consultado el 8 de marzo de 2014.
  2. Chedraui P, Pérez-López FR, Mendoza M, Leimberg ML, Martínez MA, Vallarino V, Hidalgo L. Assessment of self-esteem in mid-aged women.


lunes, 20 de abril de 2015

Ectopía - La enseñanza de aquello que quedó fuera de lugar

Llevo varios días intentando articular una experiencia muy personal y dolorosa que aún tarda en cicatrizar.
Me pregunto qué es lo que despertó a ese dragón interno que tenía adormecido y no creo que haya sido alguno de mis príncipes...
Es probable que algo de lo que escucho en el consultorio o  los textos que estoy leyendo en mi formación, las experiencias de partos, embarazos, los dolores de otros y sentirlos como propios aún sabiendo que no lo son.
Tal vez estudiar sobre las situaciones de dolor en donde algo o todo queda fuera de lugar y nos deja fuera de lugar a nosotros, nos desencaja, ... hasta que volvemos a nuestro eje.
O  porque como consigna de esta semana con toda la Comunidad de Mamá Hamaca, decidimos hablar de "la búsqueda del embarazo".

Sea como fuere me pregunto
 ¿Qué nos motoriza? ¿Cómo surge? ¿Cuándo? 

En lo personal creo que hay un momento en la vida de toda mujer en donde pareciera que algo florece, que su fruto interno está lo suficientemente maduro y  le indica  que éste es el momento de empezar a buscar su primer embarazo, su primer bebé. 
En ese momento algo sucede, 
Hay algo que cambia.  
Este cuerpo, este "ser mujer en el mundo" se empieza a metamorfosear.
Algo cambia en esa mujer, en sus emociones, en su forma de mirar la vida, de dirigirse a los otros, especialmente a su pareja. 
Quizás porque empieza a imaginar el nido, a construirlo, a ilusionarse, a caminar en puntas de pie por la vida como si todas las estaciones fueran primaverales y si ella se deslizase por un colchón de algodón, flotando en cada uno de sus pasos.
La levedad de su ser se torna soportable, liviana, feliz.
Flota, y en el aire deja una estela de vida, esperanza, luz.
A veces, lo que esta mujer no sabe -y es saludable que así sea -  es que ésta búsqueda es un camino que atraviesa bifurcaciones y que puede tomar direcciones que no eran las planeadas e imaginadas, frente a las cuales resulta fundamental que apele a sus recursos resilientes.(*) 
En el mejor de los casos esta búsqueda puede conducirla a un final feliz. 
En los demás, puede que la lleve a encontrarse con  experiencias más o menos frustrantes, dolorosas, "cuesta arriba", en las que será fundamental que tome coraje, respire profundo, apoye los brazos con fuerza y se vuelva a levantar. 
Una y otra vez.
Varias veces.
Quizás en muchos momentos se sienta muy cansada y desganada.
En esos casos, deberá esperar a que sea el momento apropiado de salir de su guarida para volver a empezar.
Hasta que aparezca el camino que está buscando.
Hasta que algo se emplace y lo haga en el lugar correcto.

Hablar de emplace, enclave, lugar correcto,  hace suponer que puede haber alguna situación que no sea así. En la que algo esté emplazado en un lugar distinto al esperado... quizás por eso hoy tengo ganas de hablar de ese embarazo desubicado, descolocado... llamado Ectópico. 

Nadie habla de él y yo lo descubrí abruptamente cuando empecé a buscar mi primer embarazo. Son esos embarazos que se suceden y no tienen final feliz pero mientras tanto ocurren silenciosos y te llevan a deslizarte por la vida flotando, con una mirada de amor pleno, imaginándote la panza y su evolución, acariciándola tímidamente, empezando a juntar ramitas de ilusión para armar el nido.

Algo es ectópico cuando está fuera de lugar. En el caso del embarazo ectópico (del griego  ἐκ, "fuera", y τόπος, "lugar") el óvulo fecundado se desarrolla fuera del útero, puede ser en las trompas de Falopio (embarazo tubárico, el más frecuente), en un ovario, en el canal cervical, la cavidad pélvica o la abdominal (los menos frecuentes). El embarazo ectópico debe ser detectado e interrumpido lo antes posible porque representa riesgo de vida para la madre. Puede confundirse muy fácilmente con un embarazo tradicional porque los síntomas de ambos son muy parecidos. Mientras el óvulo fecundado continúa su desarrollo aún cuando lo hiciera en las Trompas, la mujer puede presentar retraso de su período, náuseas, mareos, vómitos y el test de embarazo dar positivo. Es por eso que es importante la primera ecografía transvaginal  y la evolución de la subunidad Beta en un período corto de tiempo. Ambos estudios permiten una detección precoz y una acción rápida por parte del cuerpo médico para evitar mayores riesgos.

Ojalá hubiera sabido esto antes.

Todo fue muy abrupto, traumático, doloroso pero de repente apareció una red que hasta entonces parecía invisible que venía dispuesta a sostenerme frente  a eso oscuro, de las profundidades, de lo siniestro que se había presentificado ante mí.

El sostén y cobijo de las palabras de la tribu de mujeres que empezaron a contarme su historia o la de su amiga, hermana, prima, tía en la que algo similar había sucedido.

Me invadió entonces y gracias a eso,  la necesidad de resurgir de las cenizas por respeto a esta tribu que se abría ante mí, de capitalizar  esos secretos ocultos en la Caja de Pandora que se me ofrecían para ayudarme a sanar.

Felizmente uno saca fuerzas para enderezarse de a poco, a pesar del dolor, del color de la piel que se tiñe de más oscuro, de color profundo, de mar de lágrimas y con el tiempo logra levantarse y darle revancha al desubicado hasta que algo se emplaza en el lugar correcto.


Lic. Carolina Sujoy
Coordinadora Comunidad Mamá Hamaca
comunidadmamahamaca@gmail.com




  1. (*) Resiliente deriva de Resiliencia y es la capacidad que tenemos de sobreponernos a períodos de dolor emocional y situaciones adversas.
  2. The Mandala Journey - Amy Swagman
  3. Botella Llusiá, José; José A. Clavero Núñez (1993).Tratado de Ginecología 14ª edición). Ediciones Díaz de Santos. ISBN 8479780924.
  4. MedlinePlus (febrero de 2008).«Embarazo ectópico»]. Enciclopedia médica en español

martes, 31 de marzo de 2015

Cesar el dolor en ese área...

Hace unos días en un curso de Posgrado  a distancia nos presentaron una imagen que me abrió muchísimos interrogantes personales y respecto a mi práctica diaria como psicóloga perinatal.
En su First Kiss Mandala (Mandala del Primer Beso), Amy Swagman representa el primer beso de la díada mamá - bebé, después de una cesárea.
Imagino que no es casual la elección del mandala que, como símbolo espiritual sagrado, nos permite conectarnos a otros estratos de nosotros mismos.
Me interesa subrayar lo sagrado, lo profundo del mandala.
Esa imagen es bellísima y muy gráfica -al menos para mí- especialmente si nos ponemos a pensar en el pleno amor que transmite ese beso, después de los cortes en ese cuerpo de esa mamá.
Aparecen cortes que pueden pensarse como una interrupción más o menos abrupta a la ilusión de un parto vaginal, cortes vinculados a un cuerpo que en el mejor de los casos fue tratado respetuosamente, cortes que marcan un antes y un después en esa mamá y en esa díada. 
Pareciera ser que la cesárea aparece en la vida de muchas mujeres primeramente como una intervención. 
Intervención que pudo haber sido mediación frente a situaciones límite o imposición frente a situaciones en las que quizás, podrían haberse  considerado otras opciones.
Acto en algunos casos imprescindible, especialmente si hubo situaciones de extremo estrés de cualquiera de los dos integrantes de esta díada. En otros, totalmente evitable. 
Agradecimiento y alivio o enojo y frustración y una herida que queda y marca.
¿Cómo cesar el dolor allí? ¿Cómo integrar esa marca de la maternidad al esquema corporal y a esa nueva definición de mujer en el mundo? 
¿Cómo dejar que el corte, se transforme en sutura y desde ahí, cicatrice? Ese corte que a veces corta ilusiones y en otros momentos, une aún más fuerte a la vida.
Busqué sobre la palabra Cesárea y su etimología resulta algo confusa. Algunas fuentes la atribuyen a Julio César y sus antepasados, otros a Ley Cesárea "Lex Caesarea".
La sectio caesarea se formuló por la creencia de que así había nacido César, o, según los mejor informados, porque así habría nacido el primer antepasado suyo con ese apelativo.  La etimología popular  relacionaba Caesar con caedere 'cortar'. Lo cierto es que antiguamente la cesárea era un procedimiento para salvar la vida de los bebés que, de practicarse en madres vivas suponía su muerte. 
Quizás en esto último se apoya la frustración de esa mamá y de ese cuerpo ahora intervenido. 
Cesar es finalizar, culminar, terminar, interrumpir.
Señala un corte, una interrupción de un proceso que debiera haber seguido un curso que por algún razón, no continuó.  
Cesar también señala una marca que deja la puerta abierta para un nuevo comienzo, ahora de la mano de este nacimiento. Porque algo ha nacido. Una mamá, un bebé, una nueva relación, una familia.
Más allá de lo necesaria o no de cada intervención, algo nuevo ha sucedido.
Quizás sea momento de pensar en este mandala sagrado, profundo, espiritual como ese espacio de refugio, guarida interna en la que es necesario cobijarse un tiempo para sanar heridas y luego volver desde otro lugar con ese amor que  amalgama a la vida.
Lic. Carolina Sujoy
Coordinadora Comunidad Mamá Hamaca
comunidadmamahamaca@gmail.com